Panamá: Lunes, 18 Junio 2018

El catamarán Race for Water, una enorme embarcación propulsada únicamente por energías renovables, emprendió hace casi un año una larga travesía por el mundo para convencer a la sociedad de que, si sumamos esfuerzos, aún estamos a tiempo de evitar que los plásticos se coman los mares. "Los océanos son nuestra comida, nuestro aire y nuestra agua, sin ellos no podemos vivir, pero están llenos de basura y el 80 % de esos residuos marítimos son plásticos", explicó a Efe Franck David, el jefe de esta inusual expedición apodada Odyssey, que durará hasta 2021.

El Race for Water, que esta semana cruzó el Canal de Panamá y estará atracado en un puerto de la capital panameña hasta el próximo 28 de febrero, es un imponente catamarán de 35 metros de eslora (longitud) y 23 metros de manga (ancho), que no emite dióxido de carbono.

Está equipado con 512 metros cúbicos de paneles solares distribuidos en la cubierta superior y en dos alas extraíbles, que le hacen parecer una nave espacial fotovoltaica que surca los mares.

"Este es un barco único. El sol es nuestra principal fuente de energía, pero también generamos electricidad a través del viento y del agua. La combinación de estos tres elementos es la que nos va permitir dar la vuelta al mundo en cinco años", indicó David durante una visita de Efe al buque.

La energía solar se almacena en baterías de litio, pero los paneles generan más de lo que se puede guardar, así que usan ese excedente para bombear agua, desalinizarla, romper la molécula para obtener hidrógeno mediante un proceso de electrólisis y guardar ese hidrógeno en 25 tanques a una presión de 350 bar.

"Solo con la energía solar almacenada podríamos navegar durante dos días a una velocidad media de cinco nudos, pero con el hidrógeno y la cometa de 40 metros cuadrados hemos conseguido añadirle seis días más a la autonomía del barco", aseguró el científico.

El catamarán, construido en 2010 por un filántropo alemán que terminó donándolo a la ONG suiza Race for Water, aliada de ONU Medio Ambiente, salió el 9 de abril de 2017 del puerto francés de Lorient y ya ha fondeado en Bermudas, Cuba, República Dominicana, Guadalupe y Panamá.

Su objetivo es visitar Perú, Chile, Polinesia Francesa, Nueva Caledonia, China, Japón, Emiratos Árabes y el Mediterráneo en los próximos años, reunirse con autoridades, estudiar el estado de los mares, y sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de la transición energética y la catástrofe medioambiental que supone la contaminación plástica.

La ONU estima que la producción anual de plástico en el mundo ronda los 320 millones de toneladas, de las cuales 8 millones terminan cada año en el mar.

"Lo que vemos en la superficie es solo un tercio de todo el plástico que hay en los mares. Además del daño medioambiental, la contaminación plástica está afectando la salud humana, ya que los peces ingieren microplásticos y estos entran en la cadena alimenticia", alertó por su parte el director regional de ONU Medio Ambiente para Latinoamérica y el Caribe, Leo Heileman.

El problema del plástico, añadió Heileman, es que es muy difícil de reciclar, a diferencia del papel o del vidrio, porque requiere grandes estructuras para ser transportado y tecnología de punta para degradarlo completamente y, además, es muy poco rentable.

En 2014, según estimaciones de la ONU, ya había una botella de plástico por cada 5 peces. Si no hacemos nada y seguimos dándole la espalda a los océanos, en 2050 habrá más plásticos que peces y en vez de hacer esnórquel entre tortugas lo haremos entre botellas y bolsas de plástico.

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